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Enfermedad de Alzheimer

Actualizado el 12 jul 20266:43 a.m.
PREÁMBULO
La EA es una enfermedad neurodegenerativa progresiva asociada con deterioros cognitivos, funcionales y conductuales, y caracterizada por dos características patológicas subyacentes: la acumulación progresiva de placas extracelulares de beta amiloide (Aβ) y ovillos neurofibrilares intracelulares (NFT). En la EA, las placas agregadas de Aβ se depositan dentro del cerebro como resultado de una depuración reducida de Aβ o de una producción excesiva; la deposición de placa ocurre típicamente unos 20 años antes del inicio del deterioro cognitivo. Los NFT se forman por la acumulación anormal de proteína tau hiperfosforilada; estos pueden detectarse 10 a 15 años antes del inicio de los síntomas. El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer ha pasado de ser puramente patológico, en la época de Alois Alzheimer (1864-1915), a un enfoque clínico y excluyente en 1984. Inicialmente, el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer se limitaba a la etapa de demencia, un síndrome clínico caracterizado por un deterioro cognitivo progresivo sustancial que afectaba a varios dominios, o síntomas neuroconductuales de suficiente gravedad como para causar un impacto funcional evidente en la vida diaria. Una persona con demencia ya no es completamente independiente, y esta pérdida de independencia es la característica principal que diferencia la demencia del deterioro cognitivo leve. Dados los avances en el campo de los biomarcadores y el deseo de hacerlos utilizables en un entorno de diagnóstico, se ha desarrolado el el marco/grupo ATN: A (amiloide), T (tau fosforilada) y N (neurodegeneración, medida por tau total cuando corresponda). El marco ATN subraya la importancia de la β amiloide y la tau como características definitorias de la enfermedad de Alzheimer, proponiendo en consecuencia que la enfermedad de Alzheimer puede diagnosticarse únicamente mediante biomarcadores y distinguiendo definitivamente entre los conceptos de enfermedad de Alzheimer y demencia. Sin embargo, el gran número de categorías de la ATN, junto con el hecho de que otras patologías no se evalúan en el esquema, hace que el enfoque de la ATN aún no sea adecuado para la práctica clínica. Se necesitan urgentemente herramientas para apoyar la toma de decisiones y la comunicación sobre el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer, como ADappt.
EPIDEMIOLOGÍA
La enfermedad de Alzheimer (EA) es la causa más común de demencia y se cree que representa el 60-80% de los casos de demencia; se está convirtiendo rápidamente en una de las enfermedades más costosas, letales y agobiantes de este siglo. En 2018, la Alzheimer's Disease International estimó una prevalencia de demencia de aproximadamente 50 millones de personas en todo el mundo y se proyecta que se triplicará en 2050, de los cuales, dos tercios vivirán en países de ingresos bajos y medios.
FACTORES DE RIESGO
Los factores de riesgo más importantes para la enfermedad de Alzheimer son la edad avanzada (mayor de 65 años, aunque no es una definición fija) y ser portador de al menos un alelo APOE ε4. Las mujeres tienen más probabilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer que los hombres, especialmente después de los 80 años. Las mujeres también tienen más probabilidades de tener una carga de tau más alta, a pesar de tener una carga de β amiloide similar. Además, los factores de riesgo cardiovascular y un estilo de vida poco saludable se han asociado con un mayor riesgo de demencia, pero no a través de la vía de la enfermedad de Alzheimer.
Factores genéticos:
El riesgo de padecer enfermedad de Alzheimer depende en un 60-80% de factores hereditarios. El alelo común APOE ε4 explica una parte sustancial de la heredabilidad de la enfermedad de Alzheimer, pero no la explica por completo, no obstante, el alelo de riesgo común APOE ε4 se asocia con un riesgo estimado de 3 a 4 veces mayor de padecer la enfermedad. Con base en la presencia o ausencia del alelo APOE ε4 y otros alelos de riesgo en el genoma, se puede calcular una puntuación de riesgo poligénico, que actualmente es capaz de distinguir entre pacientes con enfermedad de Alzheimer y controles con una precisión del 75-85%. Aunque la mayor parte de esta precisión se puede atribuir al alelo APOE ε4, las otras 40 variantes también contribuyen colectivamente de forma sustancial al riesgo de enfermedad de Alzheimer. La anotación funcional de estos loci de riesgo indica que, junto al metabolismo de β amiloide, la modulación de la respuesta inmunitaria, el colesterol, la disfunción lipídica, la endocitosis y los factores vasculares desempeñan un papel en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.
FACTORES DE PROTECTORES
La identificación de variantes genéticas que aumentan el riesgo ha alimentado el interés en la detección de variantes genéticas protectoras. Los portadores del alelo protector APOE ε2 tienen un riesgo estimado de por vida 2 veces menor de enfermedad de Alzheimer en comparación con los no portadores, lo que se traduce en una probabilidad excepcionalmente baja de enfermedad de Alzheimer para portadores homocigotos del alelo APOE ε2. El descubrimiento de la rara mutación protectora islandesa Ala673Thr de APP se asoció con una salud cognitiva prolongada. De manera similar, un cambio raro del aminoácido Pro522Arg en el gen PLCG2 se asoció con un riesgo casi 2 veces menor de enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia, además de tener una probabilidad 2.3 veces mayor de alcanzar los 100 años en salud cognitiva. También se ha informado de resiliencia genética en una persona con una mutación PSEN1 que vivió más allá de la edad de aparición de los síntomas comunes en su familia, debido a una variante protectora rara homocigótica en el alelo APOE ε3 (mutación de Christchurch). Tpdas estas variantes genéticas protectoras son muy prometedoras en la investigación de la enfermedad de Alzheimer, ya que podrían identificar procesos mecanicistas que protegen la salud cognitiva.
Imagen 1. Panorama genético de la enfermedad de Alzheimer. MAF (eje x) es la frecuencia con la que un alelo no de referencia (variante) ocurre en la población. Los portadores de variantes con OR=1 y los no portadores tienen las mismas probabilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer, las variantes con OR >1 se asocian con un mayor riesgo de enfermedad de Alzheimer y las variantes con OR <1 se asocian con un efecto protector (eje y). A: Variantes causales o que aumentan fuertemente el riesgo. Una representación esquemática de variantes raras individuales para las cuales no se pueden estimar los OR debido a la extrema rareza de las variantes. Los estudios de ligamiento en grandes pedigrís indican que variantes raras específicas en PSEN1, PSEN2 y APP causan la enfermedad de Alzheimer autosómica dominante , en algunos casos con una edad de inicio tan temprana como los 40 años. Tenga en cuenta que no todas las variantes en estos tres genes dan lugar a la enfermedad de Alzheimer autosómica dominante; algunas podrían ser modificadoras del riesgo o no patógenas. Además, se está acumulando evidencia de que ciertas variantes en el gen SORL1 son causantes de la enfermedad de Alzheimer antes de los 70 años. La asociación de la enfermedad de Alzheimer con variantes en los genes SORL1, ABCA7 y TREM2 se encontró en pruebas basadas en genes; los portadores pueden provenir de pequeños pedigrís con patrones de herencia de la enfermedad de Alzheimer sugestivos de herencia autosómica dominante. B: Los aciertos de GWAS son variantes comunes (por convención, MAF >1%) que representan alelos de riesgo que ocurren con una frecuencia significativamente diferente en pacientes con enfermedad de Alzheimer y controles. Cada variante está representada por el gen en el que ocurre, o cuando la variante no es codificante, por el gen que se asigna más cerca de la variante (representado en gris oscuro). C: Las variantes protectoras son variantes (muy) raras que se sugiere que confieren resistencia contra factores de riesgo de deterioro cognitivo asociados con la edad o la enfermedad. ABREVIATURAS: GWAS: estudios de asociación de todo el genoma. MAF: frecuencia de alelos menores. OR: razón de posibilidades. PRS: puntuaciones de riesgo poligénico.
FISIOPATOLOGÍA
A veces llamada “fase celular”, la fase preclínica de la enfermedad de Alzheimer se caracteriza por alteraciones en las neuronas, microglía y astroglía que impulsan la progresión insidiosa de la enfermedad antes de que se observe un deterioro cognitivo. La neuroinflamación, las alteraciones vasculares, el envejecimiento y la disfunción del sistema glinfático actúan en sentido ascendente o en paralelo a la acumulación de β-amiloide en esta fase celular. El β-amiloide induce, por una vía desconocida, la propagación de la patología tau, la cual se asocia con la aparición de marcadores de necroptosis en neuronas que presentan degeneración granulovacuolar. ApoE se une a las placas β amiloides. Arg47His, Arg62His y Asp87Asn (variantes genéticas de TREM2) disminuyen la unión de TREM2 a ApoE. El CD33 actúa en oposición a TREM2, y el MS4A4A modula la secreción de la proteína soluble TREM2. El hecho de que tantos genes de riesgo para la enfermedad de Alzheimer converjan en las vías de respuesta microglial indica su papel central en la patogénesis de la enfermedad. Sin embargo, se necesita más investigación para dilucidar si la respuesta de la microglía se limita a las placas de β-amiloide, o si también media la toxicidad inducida por la patología tau, o si actúa de forma protectora contra tau. Se sabe que las mutaciones de las presenilinas desestabilizan las interacciones γ-secretasa-APP, lo que lleva a la liberación prematura de péptidos β-amiloides más largos y propensos a la agregación. Las respuestas celulares de las neuronas, la astroglia, la microglia, los pericitos y las células endoteliales , que se definen en gran medida por la composición genética del paciente, determinarán si un cerebro afectado por patología amiloide continuará funcionando con normalidad y durante cuánto tiempo, sin embargo, una vez que la homeostasis colapsa, la enfermedad de Alzheimer se manifiesta clínicamente. Además de la patología mediada por el β-amiloide y tau, la respuesta de la microglía, la vasculatura , la barrera hematoencefálica, el sistema glinfático, el sistema inmunitario periférico y , potencialmente , el microbioma gastrointestinal, afectan el desarrollo clínico de la enfermedad.
Imagen 2. Fase celular de la enfermedad de Alzheimer. Aunque las placas amiloides (rojas, en el centro de la figura) y la fosforilación y los ovillos de tau (neuronas, esquina superior derecha) aún se consideran las características definitorias de la enfermedad de Alzheimer, el enfoque de la investigación se ha ampliado de las neuronas a la respuesta de otras poblaciones celulares en la enfermedad. La inflamación mediada por la microglía, conocida desde hace décadas por estar presente en la enfermedad de Alzheimer, finalmente ha tomado protagonismo en la investigación funcional sobre la patogénesis de la enfermedad. Muchos de los productos proteicos de los genes de riesgo (negrita y mayúsculas) identificados en la enfermedad de Alzheimer se expresan y tienen funciones en la microglía . Estos genes se regulan positivamente cuando la microglía se expone a placas amiloides y muchos de los genes de riesgo de la enfermedad de Alzheimer se enriquecen en la respuesta de la microglía asociada a la enfermedad que caracteriza a este estado celular. También se indican otros genes involucrados en esta respuesta y moderadamente positivos en estudios de asociación de todo el genoma.
CUADRO CLÍNICO
La duración de la EA preclínica puede variar entre individuos, pero típicamente dura de 6 a 10 años dependiendo de la edad de inicio. El riesgo de progresión de la EA preclínica a DCL-EA (con/sin DCM-EA) depende de una serie de factores, que incluyen la edad, el sexo y el estado de la apolipoproteína E (ApoE); sin embargo, no todos los individuos que tienen patología de EA subyacente desarrollarán DCL o demencia por EA (20-29.1% de los pacientes con EA preclínica progresan a DCL-EA). Por otro lado, el 32.7-70% de pacientes con DCL-EA progresarán a DCM-EA en los próximos 4 años. En los pacientes que progresan a DCL-EA (con o sin DCM-EA), los síntomas clínicos iniciales suelen incluir deterioro de la memoria a corto plazo, seguido de un declive posterior en dominios cognitivos adicionales. En el día a día, una persona con DCL-EA puede tener dificultades para encontrar la palabra correcta (lenguaje), olvidar conversaciones recientes (memoria episódica), tener dificultades para completar tareas familiares (función ejecutiva) o perderse en entornos familiares (función visoespacial). Como las personas tienen distintos mecanismos de afrontamiento y niveles de reserva cognitiva, las experiencias y la sintomatología de los pacientes varían ampliamente; sin embargo, los pacientes tienden a permanecer relativamente independientes en esta etapa, a pesar de los posibles déficits marginales en la función. A medida que la enfermedad progresa más, se desarrollarán síntomas conductuales cada vez más graves que sobrecargan significativamente a los pacientes y a sus cuidadores, y la enfermedad finalmente resulta en una pérdida grave de independencia y la necesidad de atención las 24 horas.
DIAGNÓSTICO
Debido a que las características neuropatológicas de la EA (placas Aβ y NFT) se pueden detectar décadas antes de la aparición de los síntomas, los biomarcadores que reflejan esta patología subyacente representan una oportunidad importante para la identificación temprana de los pacientes con mayor riesgo de desarrollar deterioro cognitivo leve debido a la EA. Los biomarcadores respaldan el diagnóstico de la EA (especialmente cuando los síntomas son sutiles).
BIOMARCADORES DE IMAGEN
Los tres biomarcadores de neuroimagen mejor validados son la atrofia del lóbulo temporal medial en la resonancia magnética, el hipometabolismo cingulado posterior y temporoparietal en dl PET-18FDG, y el depósito cortical de amiloide β en el PET-amiloide. La incertidumbre sobre el orden de las pruebas dificulta la implementación generalizada de estos biomarcadores de imagen. Si bien, la resonancia magnética siempre se recomienda como el primer paso, la decisión sobre la necesidad de las siguientes pruebas de biomarcadores depende del perfil clínico. El PET-amiloide es más útil para descartar la enfermedad de Alzheimer, mientras que el PET-18FDG es útil para el diagnóstico diferencial de enfermedades neurodegenerativas, la predicción del pronóstico clínico a corto plazo y la estadificación de la extensión y la localización de los procesos neurodegenerativos.
Tau-PET:
Tau-PET es un potente biomarcador para el diagnóstico diferencial entre la tauopatía de la enfermedad de Alzheimer y otras tauopatías neurodegenerativas. A diferencia de la deposición de β amiloide, la topografía de unión de tau-PET se correlaciona con déficits cognitivos y predice tasas posteriores de deterioro cognitivo o atrofia. Los estudios longitudinales de tau-PET destacan la sensibilidad de esta técnica para rastrear la progresión de la enfermedad y la propagación de tau a lo largo de las redes cerebrales.
Imagen 3. Hallazgos de imagen. A: Tomografía por emisión de positrones (PET) compuesta Pittsburgh de amiloide que muestra depósito de amiloide predominantemente en la región cingulada posterior. B: Imágenes de resonancia magnética ponderadas en T1 que muestran atrofia cortical generalizada, de izquierda a derecha. C: Imagen PET-tau con el trazador AV1451, que muestra depósito de tau en el lóbulo inferotemporal izquierdo, parietal y leve en la región cingulada posterior.
BIOMARCADORES EN LÍQUIDO CEFALORRAQUÍDEO (LCR)
Los marcadores que reflejan daño axonal y disfunción sináptica son relevantes a la luz de la patología sináptica que está presente temprano en el curso de la enfermedad y de su relación con los resultados funcionales y el deterioro cognitivo. Aparte de los biomarcadores establecidos del LCR (amiloide β1-42, amiloide β1-40, tau 181 fosforilada y tau total), otros biomarcadores están emergiendo (neurogranina , SNAP25 , sinaptotagminas y la proteína neuronal sensora de calcio VLP1). De estos, la neurogranina parece ser la más prometedora, dada su especificidad para la enfermedad de Alzheimer y su aumento en etapas tempranas.
BIOMARCADORES SÉRICOS
Son alentadores los informes consistentes y convergentes que muestran que las reducciones en las concentraciones plasmáticas de amiloide β, en la enfermedad de Alzheimer, se pueden medir con sensibilidad mediante inmunoprecipitación combinada con espectrometría de masas o microfluídica y otras tecnologías avanzadas, como Simoa, inmunorreducción y análisis de enlaces amida de proteínas. En cuanto a la tau fosforilada, la evidencia es sólida para la tau fosforilada plasmática 181 y 217 como biomarcadores diagnósticos de la enfermedad de Alzheimer versus otras demencias.
Panel 1. Consorcios de biomarcadores en fluidos.
PROTOCOLO DE ABORDAJE
Paso 1 (screening):
La aparición insidiosa y variable de los síntomas asociados con la EA y otras demencias puede hacer que el reconocimiento sea extremadamente difícil, en particular en un entorno de atención primaria. Aunque extremadamente variables, los síntomas iniciales pueden incluir pérdida de memoria a corto plazo o preocupaciones psicológicas, incluyendo síntomas depresivos y una pérdida de propósito. En las estapas tempranas, los pacientes pueden ocultar sus síntomas o incluso evitar una cita médica hasta que sus síntomas afectan significativamente su vida cotidiana debido al miedo o al estigma asociado con el diagnóstico de EA. Además los familiares pueden desestimar o malinterpretar los síntomas cómo parte del proceso normal de envejecimiento. Para los pacientes que presentan incluso síntomas sutiles asociados con la EA, es importante realizar una evaluación inicial para confirmar la presencia de síntomas utilizando un método validado para la detección de la EA en fase temprana.
Paso 2 (diagnósticos diferenciales):
Cuando un paciente presenta síntomas consistentes con etapas tempranas de EA, el médico debe realizar una evaluación clínica integral para descartar otras posibles causas de deterioro cognitivo no relacionadas con EA y que puedan ser reversibles (depresión, deficiencias de vitaminas, hormonas y electrolitos). El diagnóstico diferencial rutinario de la EA comienza con una historia clínica detallada, exámenes físicos y neurológicos, y análisis de sangre (citometría hemática, glucosa sérica, pruebas de función renal, electrolitos séricos, pruebas de función hepática, TSH, niveles séricos de B12 y ácido fólico), seguidos de evaluaciones cognitivas y funcionales, con la finalidad de identificar posibles factores de riesgo asociados con EA, incluidos antecedentes familiares o demencias en familiares de primer grado. Otros factores de riesgo que deben identificarse son la edad, sexo femenino, estado de ApoE ε4 (genotipado de ApoE), inactividad física, bajo nivel educativo, diabetes y obesidad. También es importante revisar las condiciones médicas preexistentes o los medicamentos recetados que podrían ser una causa del deterioro cognitivo (anticolinérgicos, analgésicos o somníferos y ansiolíticos). ApoE es el portador de colesterol dominante dentro del cerebro que apoya el transporte de lípidos y la reparación de lesiones, y el gen APOE existe como tres alelos polimórficos: APOE ε2, ε3 y ε4. El alelo ε4 de ApoE se asocia con un mayor riesgo de EA, mientras que el alelo ε2 es protector. El número de alelos ApoE ε4 que porta una persona aumenta su riesgo de desarrollar EA y la edad de inicio de la enfermedad. Los portadores homocigotos de ε4 (aquellos con dos copias del alelo ε4) tienen el mayor riesgo de desarrollar EA y la edad promedio de inicio más baja. Durante la etapa de "triaje", existen varias evaluaciones clínicas disponibles para que los no especialistas puedan evaluar la presencia de deficiencias cognitivas, funcionales y síntomas conductuales (MMSE, MoCA, Mini-Cog, AD8, IQCODE, FAQ, GDS, NPI-Q). Algunas evaluaciones se han traducido a diferentes idiomas, se han acortado o tienen clasificaciones de puntuación ajustadas a la educación, sin embargo, aunque el clínico tienda a elegir una evaluación sobre otra debido a su familiaridad con la evaluación, los médicos deben conocer y estar preparados para usar las evaluaciones más apropiadas para el paciente con base en las necesidades culturales, educativas y lingüísticas del paciente. Tanto el MMSE como el MoCA se utilizan globalmente en la práctica clínica, particularmente en la atención primaria, pero varían en términos de su sensibilidad para identificar la EA en las etapas tempranas. El MMSE es sensible y fiable para identificar déficits de memoria y lenguaje en general, pero tiene limitaciones para identificar deficiencias en el funcionamiento ejecutivo. El MoCA se desarrolló originalmente para mejorar la detección del deterioro cognitivo leve y es más sensible que el MMSE en su evaluación de la memoria, la función visoespacial, ejecutiva, del lenguaje y la orientación al tiempo y al lugar. Como alternativa a estas pruebas, los médicos de atención primaria también podrían considerar el uso de un cuestionario estructurado basado en informantes, como el AD8 o el Cuestionario de Informantes sobre el Deterioro Cognitivo en los Ancianos para ayudar a guiar las conversaciones con el paciente y el cuidador. Si bien es posible que el deterioro funcional pueda ocurrir como parte del envejecimiento normal, una disminución en el rendimiento de la AIVD (actividades instrumentales de la vida diaria) de una persona está fuertemente asociada con enfermedades neurodegenerativas como la EA. Las AIVD son actividades complejas que son necesarias para que el individuo funcione de forma independiente (cocinar, conducir, hacer compras, administrar finanzas, etc) y pueden verse afectadas durante las primeras etapas del deterioro cognitivo. En consecuencia, la independencia funcional es una de las características clínicas más importantes para los pacientes con EA. A medida que la enfermedad avanza y los pacientes tienen un deterioro funcional cada vez mayor, esto afecta significativamente su independencia y, posteriormente, su calidad de vida y la de su familia/cuidador. El Cuestionario de Actividades Funcionales (FAQ) es un cuestionario de informantes que evalúa el desempeño del paciente durante un período de 4 semanas y puede tomar solo unos minutos completarlo. El cuestionario se puntúa de "normal" a "dependiente", utilizando valores numéricos asignados a las categorías, con puntuaciones más altas indicativas de un deterioro creciente. Se ha demostrado que la FAQ tiene una alta sensibilidad y fiabilidad para detectar un deterioro funcional leve en pacientes con DCL. La Escala de Depresión Geriátrica (GDS) y el Cuestionario de Inventario Neuropsiquiátrico (NPI-Q) pueden ser utilizados para evaluar los síntomas neuropsiquiátricos (ansiedad, desinhibición, apatía y depresión) en pacientes en los que se sospecha EA en estadio temprano. Los síntomas conductuales pueden ser inespecíficos, por lo que es importante considerar y descartar otras causas de deterioro potencialmente tratables; por ejemplo, la depresión se asocia con problemas de concentración y memoria. Los signos/síntomas como el retraimiento social, los sentimientos de impotencia o la pérdida de propósitos deben investigarse de cerca, ya que podrían ser indicativos de depresión por sí solos. Sin embargo, es importante considerar que si los cambios a lo largo del tiempo en los síntomas cognitivos y los síntomas del estado de ánimo coinciden, entonces es más probable que la depresión sea la causa principal del deterioro cognitivo sutil, en lugar de la EA. Debido a que los impactos cognitivos en la etapa temprana pueden variar de un paciente a otro, es importante considerar los dominios cognitivos que se encuentren afectados en estas etapas, por lo que se deben realizar pruebas neuropsicológicas que cubran los principales dominios cognitivos (función ejecutiva, cognición/emociones sociales, lenguaje, atención/concentración, función visoespacial y motora, aprendizaje y memoria); preferiblemente, se debe realizar más de una prueba por dominio para garantizar una sensibilidad adecuada en la captura del deterioro cognitivo. Por lo general, la memoria episódica, la función ejecutiva, la función visoespacial y el lenguaje son los dominios cognitivos más afectados en las primeras etapas de la EA. El QDRS (Quick Dementia Rating System) evalúa varios dominios cognitivos que se sabe que son afectados por la EA, incluida la memoria, las habilidades de lenguaje y comunicación, y la atención. El cuestionario puede discriminar de forma fiable entre individuos con y sin deterioro cognitivo y proporciona una estadificación precisa de la gravedad de la enfermedad. El Cuestionario de la AIVD de Ámsterdam (A-IADL-Q) y la Herramienta de Cribado de Evaluación Funcional (FAST) pueden utilizarse para evaluar la capacidad funcional de un paciente. El A-IADL-Q es un cuestionario computarizado confiable que monitorea la cognición, la memoria y el funcionamiento ejecutivo de un paciente a lo largo del tiempo, por lo que es una herramienta útil para monitorear los cambios sutiles en la independencia de la AIVD y está menos influenciado por la educación, el género y la edad que otras evaluaciones funcionales. La resonancia magnética se realiza de forma rutinaria para excluir causas alternativas de deterioro cognitivo, en lugar de respaldar un diagnóstico de EA. Es bien sabido que la atrofia del lóbulo temporal medial es el mejor marcador de resonancia magnética para identificar a los pacientes en las primeras etapas de la EA; sin embargo, los patrones específicos de atrofia también pueden ser indicativos de otras enfermedades neurodegenerativas. La atrofia por sí sola rara vez es suficiente para hacer un diagnóstico. Un enfoque gradual para comprender mejor el reporte de imagen, puede ser el siguiente:
• Excluir patologías cerebrales que puede ser susceptibles de intervención quirúrgica (regiones hiper o hipointensas en lugar de una señal uniforme). • Evaluar microhemorragias cerebrales. • Evaluar atrofia cerebral (atrofia del lóbulo temporal medial es característica de la EA).
El PET de fluorodesoxiglucosa (FDG-PET) es un biomarcador de imagen estructural útil que puede apoyar un diagnóstico temprano y diferencial, sin embargo, los especialistas suelen preferir utilizarlo después de su diagnóstico inicial. Dado que el cerebro depende casi exclusivamente de la glucosa como fuente de energía, la FDG (un análogo de la glucosa) puede combinarse con la PET para identificar patrones regionales de reducción del metabolismo cerebral y neurodegeneración. La PET-FDG no se recomienda para el diagnóstico de pacientes con EA preclínica, ya que no hay forma de determinar si el hipometabolismo está directamente relacionado con la patología de la EA.
Paso 3 (confirmación diagnóstica):
La PET de amiloide es actualmente el único enfoque de imagen recomendado para apoyar el diagnóstico de la EA. La PET de amiloide utiliza trazadores (florbetapir, flutemetamol y florbetaben) que se unen específicamente a Aβ dentro de las placas de amiloide, por lo que una PET de amiloide positiva mostrará un aumento de la retención cortical del marcador en las regiones de depósito de Aβ dentro del cerebro, confirmando así la presencia de placas de Aβ y cuantificando directamente la patología del amiloide cerebral. Sin embargo, una PET de amiloide positiva por sí sola no diagnostica definitivamente la EA clínica, y estos resultados deben combinarse con otras evaluaciones clínicas, como la evaluación cognitiva, para el diagnóstico preciso. Una herramienta adicional o alternativa a la PET amiloide es la recolección y el análisis de LCR para detectar la presencia de biomarcadores asociados a EA. Estos biomarcadores (Aβ42 una de las 2 isoformas principales de Aβ, tau fosforilado y tau total) son ampliamente aceptados para respaldar un diagnóstico y se pueden detectar en el LCR mucho antes de la aparición de los síntomas clínicos; pero hay que tener en cuenta que las pruebas de LCR no se recomiendan para determinar la gravedad de la enfermedad en pacientes que ya han recibido un diagnóstico de EA o en lugar del genotipado para los presuntos portadores de mutaciones autosómicas dominantes. Al interpretar los análisis de LCR, es importante recordar que la EA se asocia con una disminución de la Aβ42 del LCR y un aumento de las isoformas de tau. La disminución de los niveles de Aβ42 en el LCR es un reflejo del aumento de la agregación y deposición de Aβ en el cerebro y la concentración de Aβ42 en el LCR pudiera relacionarse directamente con el estado amiloide del paciente y la cantidad total de péptidos Aβ (Aβ42 y Aβ40). Por otro lado, el aumento de p-tau y t-tau en el LCR refleja directamente la agregación de tau dentro del cerebro y la neurodegeneración, respectivamente. La p-tau en LCR proporciona una medida directa de la cantidad de tau hiperfosforilada en el cerebro, lo que sugiere fuertemente la presencia de NFT, mientras que la t-tau puede predecir el nivel de neurodegeneración. No obstante, la T-tau también está aumentada en otras afecciones neurológicas. Dado que los estudios séricos ya son una parte bien establecida de las rutinas clínicas a nivel mundial y se pueden realizar fácilmente en una variedad de entornos clínicos, los biomarcadores sanguíneos (p-tau181) podrían servir en el futuro como el primer paso potencial de un proceso de diagnóstico de múltiples etapas.
TRATAMIENTO
Una función importante tras diagnosticar a un paciente con EA en etapa temprana es monitorear de cerca la progresión de la enfermedad mediante citas regulares (cada 6 a 12 meses).
No farmacológico:
Las terapias no farmacológicas pueden tener un impacto positivo en la calidad de vida y, por lo general, son seguras y baratas. Las directrices reconocen que, para algunos factores (actividad física, dieta, sobrepeso u obesidad, tabaquismo, alcoholismo, hipertensión y diabetes) se pueden proporcionar recomendaciones, aunque con diferentes grados de certeza. El ensayo SPRINT-MIND informó que el control intensivo de la presión arterial (<120 mmHg) es más eficaz para reducir el riesgo de deterioro cognitivo que el control estándar de la presión arterial (<140 mmHg). El estudio FINGER fue el primer ensayo controlado aleatorizado a gran escala y a largo plazo que demostró que una intervención multidominio (nutrición saludable, ejercicio físico, entrenamiento cognitivo, actividades sociales y manejo de los factores de riesgo cardiovascular) puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo, incluso en personas con susceptibilidad genética a la enfermedad de Alzheimer. En un subestudio con PET-amiloide en el ensayo MAPT, las intervenciones en el estilo de vida, solas o en combinación con ácidos grasos omega-3, se asociaron con una mejora en el pronóstico cognitivo primario en personas con un estado positivo de β-amiloide. Este hallazgo destaca que, incluso cuando los factores del estilo de vida no afectan directamente la patología de la enfermedad de Alzheimer, pueden contribuir a un pronóstico positivo en personas con esta enfermedad.
Farmacológico:
Los inhibidores de la acetilcolinesterasa (donepezilo, rivastigmina y galantamina) y los antagonistas de los receptores de N-metil-D-aspartato (memantina) se pueden recetar a los pacientes para mejorar temporalmente los síntomas de la demencia por EA, como el deterioro cognitivo y funcional. Se ha demostrado que el tratamiento con inhibidores de la acetilcolinesterasa y/o memantina mejora modestamente las medidas de la función global y estabiliza temporalmente las medidas de las actividades de la vida diaria. Sin embargo, es importante tener en cuenta que estos fármacos proporcionan solo un beneficio temporal y sintomático y que no todos los pacientes responden al tratamiento. De manera crítica, ninguno de los fármacos disponibles actualmente aborda la fisiopatología subyacente ni altera el curso final de la enfermedad. Para la mayoría de los pacientes en las primeras etapas de la enfermedad, los síntomas conductuales serán relativamente leves y no se requiere tratamiento farmacológico.
Psicosis:
La pimavanserina (agonista inverso del receptor 5-HT 2A) se ha evaluado con éxito para la psicosis relacionada con la demencia, incluyendo psicosis en enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Parkinson con demencia, demencia con cuerpos de Lewy, trastornos del espectro de la degeneración frontotemporal y la demencia vascular.
Agitación:
Es un problema común en la demencia, presentándose hasta en el 70% de los pacientes con enfermedad de Alzheimer. Se ha respaldado el tratamiento con brexpiprazol (antipsicótico atípico), citalopram (inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina) y nabilona (un cannabinoide).
Trastornos del sueño:
La alteraciones del comportamiento nocturno alteran la vida de pacientes y cuidadores. Suvorexant (antagonista dual de la orexina) ha mostrado aumentos significativos en el tiempo total de sueño y una disminución de los despertares tras quedarse dormido.
Terapia modificadora de la enfermedad:
Cada vez hay más pruebas que sugieren que al eliminar los oligómeros de amiloide β y las placas con anticuerpos monoclonales se puede ralentizar la progresión de la enfermedad. Aducanumab, BAN2401 y gantenerumab reducen las placas de amiloide β. Estos agentes también reducen la tau fosforilada, la neurogranina y la luz de neurofilamentos en el líquido cefalorraquídeo; sin embargo, aún se están llevando a cabo ensayos clínicos de fase 3.
Neuroinflamación:
Se reconoce como un componente principal de la patología de la enfermedad de Alzheimer, que contribuye a la progresión de la enfermedad y la neurodegeneración. El oligomanato fue aprobado en China en 2019, después de que un ensayo de fase 3 demostrara una mejoría cognitiva. Se plantea la hipótesis de que este agente es eficaz, sobre la base de observaciones no clínicas, para reducir la inflamación cerebral en pacientes con enfermedad de Alzheimer a través de su efecto sobre el microbioma intestinal, reduciendo la disbiosis, restaurando la composición bacteriana intestinal normal y disminuyendo las poblaciones de células inflamatorias periféricas, que pueden contribuir a la inflamación central.
Por último, se debe considerar el manejo de los factores de riesgo vascular con agentes antitrombóticos, antihipertensivos, hipolipemiantes y/o antihiperglucemiantes para reducir el riesgo de isquemia cerebrovascular y el deterioro cognitivo posterior.
PRONÓSTICO
Un estudio realizado en EE. UU. que evaluó la supervivencia después de un diagnóstico de demencia en casi 60 000 personas informó tiempos de supervivencia de 3 a 4 años. En una cohorte europea basada en una clínica de memoria, el tiempo de supervivencia medio fue de 6 años después de un diagnóstico de demencia por enfermedad de Alzheimer. Estas estimaciones coinciden con un estudio multicéntrico que proporcionó estimaciones de la duración, no solo de la etapa de demencia, sino también de la etapa prodrómica (deterioro cognitivo leve) y de la etapa preclínica de la enfermedad de Alzheimer. Para una persona de 70 años, las estimaciones de duración son de 10 años para la etapa preclínica, 4 años para la etapa prodrómica y 6 años para la etapa de demencia de la enfermedad de Alzheimer, con un total de 20 años.
Imagen 4. Evolución de la enfermedad de Alzheimer.
CONCLUSIONES
En los últimos 5 años, se ha logrado un progreso sustancial en la comprensión de la fisiopatología y la base genética de la enfermedad de Alzheimer. La hipótesis de la cascada β amiloide se ha modificado mediante una comprensión más profunda de la fase celular y preclínica. Los estudios genéticos han pasado, de señalar tres genes causales y un gen de riesgo, a identificar una plétora de genes que pueden incluirse en una puntuación de riesgo poligénico para la enfermedad de Alzheimer. Los avances en el diagnóstico de biomarcadores han llevado a un replanteamiento completo de cómo etiquetar la enfermedad de Alzheimer fuera y antes de la sintomatología clínica, lo que permite la inscripción de pacientes en la investigación en una fase mucho más temprana de la enfermedad, particularmente ahora que los biomarcadores sanguíneos parecen estar al alcance. Se realizará un mayor refinamiento de la clasificación diagnóstica y las bases patológicas de la enfermedad mediante imágenes moleculares, lo que permitirá la visualización de la copatología y la agregación proteica regional. Tras estos avances, se obtendrán conocimientos sobre reducción de riesgos, prevención primaria y secundaria, y enfoques farmacológicos y no farmacológicos, que finalmente se implementarán en paralelo y en una etapa mucho más temprana de lo que se ha probado anteriormente. Si el campo mantiene este ritmo, la identificación temprana y el tratamiento multimodal de los pacientes podrán hacerse realidad.
Imagen 5. Etapas de la enfermedad de Alzheimer. La EA se puede clasificar desde la EA preclínica hasta la demencia grave por EA; la nomenclatura asociada a cada etapa varía según las clasificaciones clínicas y de investigación. Esta figura ofrece un resumen de las diferentes convenciones de nomenclatura utilizadas en la comunidad de la EA y los síntomas asociados a cada etapa evolutiva. *El deterioro conductual leve es un concepto que describe la aparición de síntomas neuropsiquiátricos sostenidos e impactantes que pueden presentarse en pacientes ≥50 años antes del deterioro cognitivo y la demencia. ABREVIATURAS: Aβ: beta amiloide. EA: enfermedad de Alzheimer. FDA: Administración de Alimentos y Medicamentos. IWG: Grupo de Trabajo Internacional. DCL: deterioro cognitivo leve. NIA-AA, Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de la Asociación de Alzheimer.
Imagen 6. Infografía de las etapas clave en el proceso diagnóstico. El proceso de diagnóstico para la EA se puede dividir en los siguientes pasos: detectar, evaluar/diferenciar, diagnosticar y tratar. Es importante que los médicos utilicen pruebas apropiadas al investigar a un paciente con sospecha de EA en las primeras etapas. Aquí, destacamos las pruebas más valiosas para cada paso y cuáles se deben utilizar en un entorno de atención primaria o especialista. *La FDG-PET generalmente se considera después de una evaluación diagnóstica. Abreviaturas: A-IADL-Q: Cuestionario Instrumental de Actividades de la Vida Diaria de Ámsterdam. Aβ: beta amiloide. Ach: acetilcolina. BG: glucosa en sangre. LCR: líquido cefalorraquídeo. FAQ: Cuestionario de Actividades Funcionales. FAST: Herramienta de Detección de Análisis Funcional. FDG-PET: PET con fluorodesoxiglucosa. GDS: Escala de Depresión Geriátrica. IQCODE: Cuestionario del Informante sobre el Deterioro Cognitivo en los Ancianos. Mini-Cog: Mini Instrumento de Evaluación Cognitiva. MMSE: Mini-Examen del Estado Mental. MoCA: Evaluación Cognitiva de Montreal. NMDA: ácido N-metil-D-aspártico. NPI-Q: Cuestionario de Inventario Neuropsiquiátrico. PCP: médico de atención primaria. PET: tomografía por emisión de positrones. P-tau: tau fosforilada. QDRS, Sistema de Clasificación Rápida de Demencia. TSH, hormona estimulante de la tiroides. T-tau, tau total.
REFERENCIAS
Scheltens, P., De Strooper, B., Kivipelto, M., Holstege, H., Chételat, G., Teunissen, C. E., Cummings, J., & van der Flier, W. M. (2021). Alzheimer’s disease. Lancet, 397(10284), 1577–1590. https://doi.org/10.1016/s0140-6736(20)32205-4 Porsteinsson, A. P., Isaacson, R. S., Knox, S., Sabbagh, M. N., & Rubino, I. (2021). Diagnosis of early Alzheimer’s disease: Clinical practice in 2021. The Journal of Prevention of Alzheimer’s Disease, 8(3), 371–386. https://doi.org/10.14283/jpad.2021.23

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